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martes, 14 de enero de 2014

Consejos chirriantes sobre salud

A menudo sucede que desconfiamos o nos mostramos críticos con los consejos que no respetan el sentido común o que nos parecen injustificados. Sin embargo, no aplicamos este criterio para todos los consejos y, en particular, para los consejos sobre el cuidado de la salud. En estos casos, prima muchas veces el respeto a la autoridad de los médicos, de los padres o del primer listillo que pasa, sobre el respeto al buen sentido.  Con esto, no quiero menoscabar la autoridad de los médicos en tanto que científicos; la ciencia puede – y a veces lo hace, como en el caso de las modernas teorías físicas- contradecir el sentido común, pero, si lo hace, debe justificarse. La carga de la prueba recae sobre las afirmaciones chocantes. Y muchos de los consejos que se oyen sobre salud – me refiero a los consejos sobre hábitos higiénicos básicos- no sólo atentan contra el sentido común sino que parecen injustificados. Da igual si son defendidos por un médico o por el vecino del quinto: no deberíamos seguirlos sin exigir antes una explicación convincente. Ilustremos con algunos casos:

sábado, 21 de septiembre de 2013

La medicina preventiva

La medicina preventiva debería prevenir enfermedades, tal como indica su nombre. Sin embargo, más que a una serie de prácticas encaminadas a evitar caer en la enfermedad, llamamos ‘medicina preventiva’ a una serie de pruebas médicas de detección precoz de las enfermedades: analíticas, mamografías, chequeos, etc. Pero este tipo de pruebas no previenen nada; sólo detectan más o menos pronto lo que ya está. Y aunque es importante detectar a tiempo ciertas enfermedades o anomalías, la detección precoz no debería ser considerada medicina preventiva.

La auténtica medicina preventiva tiene mucho de preventiva y poco de medicina, pues se trata de adoptar una serie de hábitos, alejados de la práctica médica habitual, encaminados a mantenernos sanos. Entre estos hábitos están, como sabemos, el llevar una alimentación correcta, hacer el ejercicio adecuado, dormir las horas necesarias, seguir hábitos higiénicos mínimos, llevar una vida medianamente satisfactoria, no consumir sustancias tóxicas, etc. En fin, todas aquellas prácticas que el sentido común nos dice que contribuyen a perpetuar la salud, cuando la tenemos (y, muchas veces, también sirven para recuperarla si la hemos perdido). Sin embargo, desde los estamentos oficiales no se incide en la importancia del modo de vida para estar sano. Es más, en general, los propios médicos de cabecera ni indagan mucho en los hábitos de vida de sus pacientes ni les insisten lo suficiente, más allá de la recomendación de dejar de fumar, en la importancia de seguir hábitos saludables.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

El ser humano y los otros animales

El homo sapiens es un animal especial, o al menos así nos lo parece a los homo sapiens… Pero no tan especial como para dejar de ser un animal con muchas características en común con el resto de animales. Algo que llama la atención es cómo hoy en día se han impuesto ciertas ideas que contribuyen, pretendidamente o no, a considerarnos más alejados de lo que estamos del reino animal, aplicando diferentes criterios cuando pensamos en nosotros mismos y cuando pensamos en el resto de los animales. Veamos, a modo de ejemplo, algunas de estas ideas:

(i) Es normal tener algún achaque aun siendo joven. Mucha gente cree que no es raro tener algún achaque, una enfermedad menor cronificada o un estado de forma física flojito a partir de los 40 años. Y, aunque es verdad que se puede ser joven y tener alguna enfermedad crónica, con el nivel y la actual esperanza de vida en los países occidentales, tendría que ser anómalo tener algún achaque (incluso leve) antes de los 65 ó 70 años. Cuando pensamos en los animales, en cambio, nos parece lo más normal del mundo que mientras no sean viejos, aunque hayan pasado ya la mitad de su vida, estén sanos y fuertes. ¿Por qué no habríamos de aplicar esto mismo a los seres humanos? Quizá pensamos diferente en nuestro caso porque actualmente no llevamos el tipo de vida acorde con nuestra naturaleza que nos permitiría vivir sin achaques; algo hacemos mal que los animales salvajes –cuando les dejamos- hacen bien. Lo raro es que no nos preguntemos qué es lo que hacemos mal y por qué un animal salvaje en condiciones normales está sano y fuerte, y muchos de nosotros no. [Del mismo modo, hay que preguntarse por qué estamos gordos, por qué usamos gafas, etc.]

miércoles, 21 de agosto de 2013

Crítica publicitaria: la comida procesada

• Crítica general
Ya he comentado alguna vez que ninguno, o prácticamente ninguno, de los productos que son objeto de la publicidad comercial en los medios de comunicación es realmente necesario. Nos intentan vender sólo nimiedades o accesorios. Se podría pensar que esto no sucede con los productos comestibles que se anuncian, ya que pocas cosas hay más necesarias que la comida. Sin embargo, no se anuncia un tipo de alimentos -los que consideramos alimentos de verdad- tales como los vegetales, el pescado, la carne, la fruta, los huevos, etc.; lo que se anuncia son cosas comestibles como natillas, magdalenas, embutido, turrón, galletas, leche, salchichas de Frankfurt, etc. La diferencia obvia entre el primer grupo y el segundo es que los productos del primer grupo no tienen ingredientes, son sencillos, mientras que los del segundo tienen varios ingredientes en su composición. Es decir, los segundos son productos procesados, elaborados a partir de los distintos ingredientes que se especifican en sus etiquetas.

lunes, 12 de agosto de 2013

Una mirada racional a la salud

Hoy me gustaría escribir sobre la salud en general, un tema que me interesa en tanto que animal racional que quiere vivir lo mejor posible. Todos podemos coincidir en que una buena salud implica tanto una buena salud física como mental. Pero es difícil conocer tanto los pilares de una como de otra; podrían no ser iguales para todos ni tales como nos han hecho creer. A veces hemos oído que una buena salud mental implica, por ejemplo, una vida social activa y satisfactoria, pero esto podría no ser cierto para todo el mundo. Y lo mismo podría decirse del bienestar físico; quizá no todos los consejos sirvan para todos los cuerpos. Es más, en el tema de la alimentación, por ejemplo, tema estrechamente relacionado con la salud, los consejos de los expertos oficiales podrían haber estado mal encaminados en general durante mucho tiempo, tal como están apuntando ya muchos estudios. Entonces, ¿cómo procurar tener una buena salud? Me parece que hay, fundamentalmente, dos vías a seguir: informarse y prestar atención al propio organismo.